El campo como una forma de vida

Carmen Serra comenzó a trabajar en el campo de pequeña y ha sabido compaginar su vida familiar y laboral con una labor que le apasiona

A Carmen Serra le gusta tener animales y que estén bien atendidos

El pasado día 15 de octubre se celebró el Día Internacional de las Mujeres Rurales, establecido por la ONU en diciembre de 2007, festejándose por primera vez el 15 de octubre de 2008, y cuyo objetivo se centra en «el reconocimiento al papel decisivo de las mujeres en el desarrollo, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza».

Antes de la llegada del turismo, el trabajo en el sector primario era primordial para la subsistencia doméstica en Formentera. La gran mayoría de las familias de la isla trabajaban las tierras para producir alimentos y disponían de animales para el consumo. Esas labores han estado en gran parte en manos de las mujeres, ya que muchos de los hombres navegaban, trabajaban en las salinas, en las canteras o emigraban a otros países para ganar el sustento y mantener a sus familias.

Dedicarse a la agricultura y la ganadería a pequeña escala ha sido y es tarea multifuncional como lo asegura Carmen Serra que se ha dedicado al campo «desde que nací» en la finca familiar de Can Joan Blai en Porto Saler.

«Mi padre navegaba, mi madre estaba con nosotros que éramos 10 hermanos y, por ejemplo, mi hermano mayor con 10 años ya estaba labrando detrás de las mulas. A las 5 de la mañana nos levantábamos, ayudábamos en las tareas del campo como segar a mano, luego pasábamos por la casa de mi abuela, nos lavábamos y nos íbamos a la escuela. Por la tarde siempre había ropa que lavar, animales que atender ya que teníamos un corral de conejos enorme, cabras, ovejas, palomos, cerdos,  gallinas y dos mulas. Todo eso entre mi madre, mi abuela y nosotros, que parece mucha gente pero siempre hubieran venido bien más manos para ayudar», comentó en nuestra visita a su casa.

Carmen nunca dejó la labor con los animales y fue combinando esa faena con trabajos en un restaurante y luego en un alquiler de coches mientras criaba a sus hijos. «A mí la vida en el campo me encanta, en casa no me apetece quedarme, necesito estar fuera, aunque ahora me lo tomo como una rutina muy tranquila; alimento a las cinco  cabras que tengo con algarrobas, las miro mientras comen, luego paso por el gallinero y el palomar a darles de comer y me ocupo también de lo que sembramos cada año», apuntó Carmen.

Carmen Serra ha trabajado el campo toda su vida

Todo lo que se produce en la finca es para consumo doméstico, «ya que somos muchos, así que tenemos unas 14 gallinas para luego hacer caldo, arroces y para la salsa de Nadal, también tenemos pollos jóvenes, huevos, sembramos patatas, ajos, tomates, cebollas y hacemos algunos quesos con la leche de las cabras que se van enseguida al ser tantos de familia».

Los productos recogidos en el campo se destinan al autoconsumo

Todas estas labores ocupan los 365 días del año, «ya que a los animales no los puedes dejar sin comer, tienes que ocuparte porque nos gusta que estén bien cuidados, las cabras deben pasar sus controles veterinarios y hay que estar sobre lo que siembras, por lo que no hay días feriados y puedo garantizar que nunca tuve problemas a la hora de conciliar el sueño», comentó con una sonrisa.

Sobre si habrá relevo generacional en estas tareas, Carmen Serra nombró con «orgullo de abuela» a su nieto Néstor de 14 años «que me ayuda mucho con el motocultor, a trabar las cabras y está haciendo un gallinero nuevo. Le encanta el campo y espero que siga así».

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