Un equipo científico investiga la arqueología funeraria de Formentera

Un equipo de arqueólogos coordinado por los doctores Edgard Camarós y Pau Sureda continúa los trabajos de investigación en distintos enclaves prehistóricos de Formentera como el poblado Cap de Barbaria II, ca na Costa o la cueva 127 de la Mola

Edgard Camarós en la entrada a la cueva 127 de la Mola Foto: Pep Martínez

Desde hace unas semanas un equipo científico del IIIPC coordinado por los doctores Edgard Camarós y Pau Sureda, se encuentra diseminado por varios enclaves de la isla en un proyecto sobre la arqueología de la muerte y la paelogenética de las comunidades prehistóricas de Formentera en la Edad de Bronce, con unos 4.000 años de antigüedad.

Estos trabajos, que cuentan con el apoyo y la colaboración del Consell de Formentera, se están llevando a cabo en la cueva 127 de la Mola y en el sepulcro de Ca na Costa, a lo que se unen otras acciones relacionadas con el yacimiento Cap de Barbaria II.

Sobre todos estos frentes de investigación abiertos consultamos al Dr. Edgard Camarós.

– ¿Qué os lleva retomar las investigaciones en la cueva 127 ?

– En 2014 encontramos esta cueva donde localizamos restos humanos por lo que decidimos iniciar un proyecto nuevo y centrarnos en la arqueología de la muerte y la paleogenética, que nos ayudará a entender sus prácticas funerarias y, a través de los restos humanos, conocer características de su estilo de vida, alimentación, enfermedades, si hay signos de violencia, etc., para ampliar la información. Cuando comenzamos hace unos años encontramos los cuerpos de una mujer de unos 30 años, de un adolescente de unos 14 años y de un niño de unos 7 años de edad. Lo que estamos haciendo ahora, cuatro arqueólogos, es buscar más evidencias de esas prácticas funerarias en este enclave.

– ¿Cómo se desarrolla este trabajo de campo?

– Primero para acceder a la cueva 127 ubicada en el acantilado cerca del faro de la Mola, debemos descolgarnos unos metros donde encontramos una boca muy pequeña de 1 metro por 1 metro y luego hay que arrastrarse unos 6 o 7 metros hasta una pequeña sala funeraria en las que se depositaban los muertos. En esa zona se lleva a cabo un trabajo muy laborioso, cepillando, sacando sedimento y restos que luego trasladamos al laboratorio de campo donde realizamos los primeros análisis para luego trasladar el material a las distintas universidades que forman parte del proyecto. El trabajo es muy meticuloso ya que hay que excavar toda la superficie de la cámara funeraria e incluso la arena que sacamos nos la llevamos en bolsas, la lavamos y la pasamos por el cribado de un milímetro lo que nos ha permitido encontrar cuentas de un collar u otros elementos.

Parte del equipo de investigación trabajando en la cámara funeraria de cueva 127 de la Mola Foto: Pep Martínez

– ¿Estamos ante una labor continuista de la comenzada en 2014?

– En 2014, 2015 y 2016 trabajamos en la galería y este año estamos en la cámara funeraria donde pensamos que podemos tener más potencial ya que puede haber más individuos enterrados. Actualmente no llegamos a trabajar ni a la mitad del espacio y el primer día ya apareció un fragmento de cráneo que nos indica que estamos en la línea de que haya más individuos o que se haya limpiado la cueva en algún momento y no se hubiera enterrado a más gente lo que también tendría interés en este estudio. Por otra parte, estos días hemos localizado huesos de una oveja que podría ser parte de las ofrendas que se realizaban a los muertos y, además, la tarea en el acantilado sigue, buscando más cavidades con la ayuda de Colgados de Formentera, en el área izquierda del faro. En este caso, primero se realiza un vuelo con dron a distintas alturas para una vez localizadas las aberturas poder bajar a conocerlas y quizás encontrar un potencial arqueológico. También este jueves hemos estado en la Cova de ses Mamelles que pensamos que tiene mucho potencial, no como ámbito funerario sino como vivienda prehistórica.

El doctor Edgard Camarós junto a parte del equipo de arqueólogos que trabajan en la cueva 127 Foto: Pep Martínez

– ¿Qué conclusiones científicas se obtuvieron de los cuerpos encontrados en las excavaciones anteriores?

– Los restos humanos son una vía excelente para conocer la vida de las personas ya que son un depósito de todo lo que hemos hecho. Estos enterramientos nos acercan a cómo era la sociedad ya que podemos conocer detalles a través de enterramientos individuales o colectivos como en este caso, sobre cómo se relacionaban con el territorio, o cómo veneraban a sus ancestros. Con los restos que ya hemos sacado en años anteriores pudimos conocer que tenían una dieta cárnica, casi nada de pescado, y unos dientes muy desgastados por comer cereales mal molidos en molinos de piedra. En el caso de la mujer, tiene los dientes completamente limados y erosionados para su edad lo que detalla una condiciones de vida duras. A esto se suma que tiene un importante desarrollo de las inserciones musculares, lo que describe que la actividad física era tan intensa que los músculos quedan reflejados en el esqueleto por, por ejemplo, andar largas distancias cargando grandes cantidades de peso, algo que en la actualidad también sucede con los que llevan trabajando en el campo o en tareas de un gran esfuerzo físico durante toda su vida o en los atletas. Además la mujer tiene una hernia discal muy marcada en las vértebras lumbares lo que indica que realizaba tareas que le obligaban a estar agachada mucho tiempo en la molienda del cereal, una patología que es frecuente en mujeres de sociedades antiguas, lo que indica también el papel de la mujer en la división del trabajo.

– ¿Existen similitudes con los restos humanos encontrados hace años en Ca na Costa?

Los restos encontrados hace años en Ca na Costa son de la misma cronología pero enterrados de manera diferente lo que puede indicar que hubo gente distinta ocupando diversas zonas de la isla. En este caso se trata de un enterramiento colectivo de seis hombres y dos mujeres con un monumento lo que demuestra una gestión distinta de la muerte y eso es lo que queremos resolver con este proyecto. Si hubo dos clases sociales dentro de la misma comunidad con dos formas distintas de enterrar o dos núcleos sociales diferenciados en un territorio tan pequeño como Formentera.

– ¿Cuál es el papel de la tecnología en esta nueva fase del trabajo arqueológico en Formentera?

– Estamos utilizando la tecnología para escanear toda la cueva no solo desde el punto de vista científico sino también como interés divulgativo que para nosotros es fundamental. En el momento que tengamos todo escaneado podremos mostrar un viaje en 3D de todo el trabajo llevado a cabo y así la gente podrá ver la cueva sin necesidad de acceder a la misma con el riesgo de despeñarse por el acantilado. También hemos realizado un escaneado de Ca na Costa para poder generar una realidad virtual del contexto arqueológico para también destinarlo a uso cultural o turístico por parte del Consell ya que se podrá conocer a través de la red desde distintos ángulos y, en este caso, de manera complementaria a una visita al sepulcro como patrimonio arqueológico.

– Por último, ¿en qué punto se encuentra la restauración del poblado de es Cap de Barbaria II para en un futuro poder abrirlo al público?

– Desde el año 2012 trabajamos en el poblado de es Cap de Barbaria II donde vivía gente asentada y para conocer el día a día de este núcleo poblacional. Ahora estamos siguiendo directrices de restauración de la UNESCO para que el público pueda entender e intuir las casas, sus formas naviformes, las estructuras interiores como hornos, zonas de almacenamiento y, dentro de dos años desarrollar señalética que permita musealizar un yacimiento arqueológico excepcional de los más grande de Baleares.

 

 

 

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