La escultura como lenguaje

La obra "Aura Pura", donada a la isla por el escultor Enrique Saavedra Chicheri, se instala en el jardín del Centre de Día de Formentera

Enrique Saavedra junto a su escultura en el Centro de Día

Enrique Saavedra Chicheri, (Madrid,1963) comenzó estudios de Ingeniería Informática y «persiguiendo a una novia» a mediados de los años ochenta se trasladó a Estados Unidos, en concreto a la ciudad de Los Ángeles. Aprendiendo inglés decidió que tenía que dedicarse a algo y en el Santa Mónica College dio con un taller de escultura. «Desde el primer día me gustó, me enganchó muchísimo y supe que podía hacer cosas, que se trataba de un lenguaje y, ya que el hablado en inglés no lo dominaba mucho, esta era una forma de expresarme que me permitía conectar con la gente».

El nuevo «oficio» se le dio muy bien como lo demuestra su amplia experiencia y bagaje artístico a través de obras públicas instaladas en Los Ángeles, Nueva York, Sevilla y A Coruña, otras expuestas en EEUU, Madrid, Girona y en la Xunta de Galicia y el Ayuntamiento de A Coruña, así como en exposiciones individuales y colectivas.

Enrique Saavedra vive desde hace años en un bosque en la provincia de A Coruña y en paseos, parques y zonas públicas instaló algunas de sus obras más emblemáticas realizadas mayoritariamente en metal y madera como el «Monumento al Voyeur», ubicada en el paseo marítimo de Sabón al borde de un acantilado o «Espinoso» una instalación montada entre dos paredes rocosas sobre el mar en el Parque Escultórico Torre de Hércules la que fue destruida por reiterados actos de vandalismo y cuyos trozos cayeron al mar. «La apedrearon hasta destruirla y tuve varios encuentros con la administración que finalmente no hizo nada, cuando si se habían acometido acciones con otras obras que se fueron deteriorando, pero tengo los planos de «Espinoso» y no descarto volver a retomarla», comentó.

«Trabajo casi siempre con maderas y metales que voy recogiendo y ahora he conseguido material de unas barcas de pesca en Galicia  que se han desguazado en un astillero por los cupos de pesca y con eso ya veré que sale», apuntó el escultor.

«Aura Pura»

De su obra Saavedra destaca la inspiración en la naturaleza, la misma que le llevó a realizar «Aura Pura» una pieza que donó la pasada semana a Formentera y que quedará instalada en el jardín del Centro de Día. «Debe ser por el recuerdo de Formentera y porque en Galicia vivo en un bosque ya que es una idea que se repite con los palos y utilizando el metal, permite que la pieza se sujete, levite, que flote de forma ligera, tenga equilibrio y que no tape el entorno en el que está ubicada».

La instalación artística está hecha con material reciclado como muchas de las obras del escultor por eso los palos, que simulan los troncos de los árboles, son tubos reciclados y pintados y las hojas que se mecen con el aire son de acero inoxidable, también reciclado.

Desde el 2008 el escultor quería dar esta obra a la isla en homenaje a su tío Jorge Chicheri, conocido en Formentera como Jordi «Puchi Puchi».

De su tío, Enrique tiene un buen recuerdo.»Él llevaba una vida muy diferente en Madrid, donde nació y estudió Derecho y a los treinta y pico vino a Formentera, se enganchó con la isla y se quedó a vivir. Primero montó una herboristería en Sant Ferran, luego la trasladó a Sant Francesc a un local más grande para luego decantarse por uno más pequeño que ocupó hasta su muerte en 2008″.

Enrique viajó por primera vez a la isla hace más de treinta años y «fue un sitio que me enganchó y, a raíz de haber instalado piezas en el exterior en otros enclaves, siempre tuve ganas de que una de mis obras se pudiera ubicar en un buen sitio de la isla».

Aunque desde que murió su tío las visitas de Enrique Saavedra a Formentera son más espaciadas en el tiempo conservan el mismo cariz; disfrutar de la naturaleza y conocer a otros artistas y su obra.

«He conocido a Anna Ametller y estoy fascinado con su trabajo donde mezcla piezas mínimas con una sensibilidad enorme y con «nada» hace composiciones que me han dejado alucinado. También al arquitecto Marià Castelló y su casa estudio que me ha impresionado por la orientación, la luz, la temperatura y la combinación de materiales, sin olvidarme de la obra de otros artistas afincados en la isla y a los que admiro como Antoni Taulé, Batallé y Enric Majoral a los que conocí a través de mi tío y cuyos trabajos siempre me han encantado y demuestran el alto nivel que hay en Formentera», concluyó el escultor.

 

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