Toda una vida dedicada a la docencia

Esperanza Riera recibirá este año el Premio Sant Jaume 2018 por su labor como docente

Esperanza Riera en Sant Francesc

– En primer lugar nuestra enhorabuena

Muchas gracias

– ¿Te esperabas este reconocimiento por parte del Consell?

Para nada. Mi marido si sabía algo pero no me dijo nada. Estábamos sentados en el patio de casa y veo un coche, pensé que era mi sobrina y cuando me acerco veo a Chicleto (el conseller Bartomeu Escandell), a Alejandra Ferrer, al presidente Jaume Ferrer y a la consellera de Cultura, Susana Labrador. Pensé que venían a hablar con Santi sobre algún tema de naturaleza y resulta que no, que la visita era para darme la noticia y fue emocionante ya que no me lo esperaba de ninguna manera.

Esperanza Riera recibirá uno de los premios Sant Jaume de este año por su labor como docente

– En el pleno se destacó tu trayectoria profesional y el haber sacado adelante un modelo, el de la escuela pública, rural y unitaria. ¿Cómo fue este proceso?

Mira yo he trabajado 37 años como docente. Empecé en Sant Francesc con una sustitución, luego tres meses en Sant Antoni en Eivissa y, a partir de ahí, me dieron la interinidad en el colegio de Sant Ferran donde estuve dos años. En 1982 fui a La Mola hasta 1997 cuando me mandaron a las escuelas de es Cap, un centro que solo contaba con ocho alumnos y cuando se cerró, dos años después, me volví a hacer cargo del colegio de la Mola.

Con respecto al modelo de escuela unitaria, yo me había educado en una escuela parecida en la Mola donde compartíamos aula alumnos de 6 a 14 años, eso sí separados los chicos de las chicas (sonríe).

Como ya te digo yo ya conocía este tipo de centro educativo, pero al principio tuve mis dudas de hacerme cargo ya que, si hubiera querido, tenía plaza en el Mestre Lluis Andreu de Sant Francesc.

Ahora visto en perspectiva ha sido una muy buena experiencia.

– ¿Cómo se plantea un plan de estudios en una escuela unitaria?

Es trabajar en equipo. Hay alumnos que son más rápidos y que entran en la dinámica de ayudar a los demás cuando han acabado con sus tareas y esto siempre ha funcionado bien.

Cuando yo comencé en la Mola solo había un aula y ese mismo año la Conselleria balear nos autorizó a construir otra lo que permitió desdoblar los cursos y, mientras se ultimaban las obras, nos cedieron la antigua Casa del Poble, al lado de la Iglesia. En ese espacio ejercía un profesor que vino de Menorca con los más pequeños y yo continuaba en el aula actual con los mayores.

Me acuerdo que en esa época recibí una notificación del inspector de Educación y, como no teníamos teléfono, tuve que bajar al hotel Maryland para poder hablar con él (risas).

Este señor me explicó que era yo la que tenía que dar clase a los más pequeños “porque tenía buena mano” con ellos.

– ¿Qué se siente cuando uno enseña a a un grupo de niños a leer y escribir?

Una alegría enorme y ver los avances es muy gratificante. Lástima que no recordemos ese momento en el que todos fuimos capaces de leer y escribir.

Esperanza ha dedicado toda su vida profesional a la docencia

– ¿Cuántos alumnos han pasado por tus aulas?

No lo sé. Pero ten en cuenta que en la Mola estuvimos muchos años con muy pocos alumnos. Por eso hicimos un plan piloto para coger a niños a partir de dos años. Asimismo el crecimiento demográfico de la isla ha obligado a contar con un aula prefabricada en el patio.

Sin embargo tenemos un punto especial añadido ya que salir al patio es disfrutar del bosque, un privilegio.

Además contamos con el huerto comunitario que labran los padres con mucho cariño y que los niños cuidan, riegan y luego cosechan lo que les hace mucha ilusión.

– Con el paso de los años los servicios de la escuela se fueron incrementando, ¿no es así?

Hace unos años nos apuntamos a diferentes programas europeos con el objetivo de conseguir más personal lo que nos permitió contar con un profesor de inglés. Asimismo avanzamos en todo lo relacionado con la informática y en las actividades deportivas.

Por otra parte hemos realizado encuentros con profesores y alumnos de otros colegios europeos lo que fomentó el intercambio educativo.

– Por tus aulas han pasado algunos de los políticos de esta isla…

Si. José Manuel Alcaraz estuvo un tiempo pero cuando sus padres cogieron el restaurante en es Caló se pasó al Mestre Lluis en Sant Francesc. El que sí cursó toda la primaria en la Mola fue Bartomeu Escandell. Y te cuento una anécdota: el abuelo de Bartomeu estaba muy orgulloso porque su nieto con seis años leía el Diario de Ibiza por lo que apuntaba maneras (risas).

– Ya estás jubilada pero que destacarías de toda tu carrera como maestra

Qué siempre me ha gustado, que tuve la suerte de trabajar en ello y de haber contado con una asociación de madres y padres muy potente que han apoyado siempre a la escuela y a los docentes.

Además hemos educado a los alumnos en la tolerancia, el respeto, la ayuda y la solidaridad.

 

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