La puerta blindada de la iglesia de Sant Francesc recupera su esplendor

La arqueóloga y conservadora ibicenca María José Escandell, repite tres lustros después sus trabajos de limpieza, consolidación y protección de este elemento único en las Pitiüses

María José Escandell
Perfil de la puerta de la Iglesia de Sant Francesc

Quince años después de la última intervención, la puerta de la iglesia de Sant Francesc Xavier está siendo restaurada por María José Escandell, arqueóloga integrante del colectivo Podisonia, un equipo multidisciplinar dedicado a la restauración de elementos patrimoniales en las Pitiüses con numerosos trabajos realizados en Formentera desde los efectuados en el Castellum de Can Blai, Ca na Costa, Es Cap hasta los recientes en la necrópolis bizantina descubierta hace unos meses en Sant Francesc.
Escandell fue quien hace casi quince años, a finales de 2002 y en enero de 2003, se encargó del mismo trabajo que ahora se lleva adelante mediante un convenio de colaboración, en materia de patrimonio cultural, entre el Consell Insular de Formentera y el Bisbat d’Eivissa, firmado el pasado 29 de abril, por el que la primera institución de Formentera abonará, al final de los trabajos y tras una justificación de los gastos, hasta un máximo de 5.000€ por la restauración de dicha puerta.

Argolla o pomo de la hoja derecha de la puerta
La arqueóloga María José Escandell lleva a cabo los trabajos de restauración

La iglesia de Sant Francesc Xavier está incluida en el catálogo del patrimonio cultural de Formentera con el grado de protección máximo y es BIC (Bien de Interés Cultural) en la categoría de conjunto histórico desde 1996. La puerta de la entrada principal, en la fachada sudeste, se considera es la original del siglo XVIII y se caracteriza porque cada una de sus dos hojas están recubiertas por placas de hierro en su cara exterior, siendo el único ejemplo en las Pitiüses de una puerta de estas características.
La puerta está formada por dos grandes hojas rectangulares de cerca de tres metros de altura, está blindada con un total de 26 placas de hierro en la hoja de la izquierda y 27 placas en la derecha, placas sujetas al armazón interior de madera con unos grandes clavos igualmente de hierro. Si las condiciones climatológicas, lluvia, viento, sol, frío han castigado la puerta en general, donde más se nota es en los lugares en que los clavos sujetan las placas a la madera ya que ahí el óxido actúa de forma concienzuda y constante haciendo desaparecer casi por completo las partes más débiles de la placa.

Cruz grabada en la hoja izquierda

La supresión de las capas superficiales de óxido mediante proceso mecánico, permitieron en su día recuperar algunos elementos que habían desaparecido por completo, la mayoría de los cuales se encuentran en la hoja de la izquierda de la fachada. De difícil observación se puede ver una cruz de hierro grabada a media altura, mientras que un poco más abajo se aprecia perfectamente el cuño o sello del artesano herrero encargado de la colocación de las placas.

Cuño del artesano herrero

Asimismo alrededor del ojo de la cerradura se distingue un dibujo romboidal que hasta ahora pasaba totalmente desapercibido. En la puerta de la derecha las marcas más notables son el agujero en el que estuvo la argolla o pomo de la puerta y sobre todo unas marcas que tienen un origen totalmente distinto ya que una serie de huellas horizontales denotan que fue violentamente golpeada, probablemente con una hacha, causando unos grandes surcos en el metal. De todas maneras no hay referencia histórica a dicho origen aunque la tradición popular indica que fueron hechas a hachazos.

Madera de pino del Torrent de s’Alga

El tratamiento de las planchas metálicas, comienza con la eliminación de la suciedad, prosigue con la supresión del óxido, lo cual con el tiempo ha hecho perder parte del grosor que tenían las placas y por último se emplearán inhibidores que impidan o al menos retarden al máximo la oxidación; en este caso se utilizarán ceras micro cristalinas sumamente resistentes que garantizan la conservación ya que los barnices o resinas de uso habitual, están contraindicados al tratarse de placas metálicas sometidas continuamente a las inclemencias meteorológicas.

Vestigios de hachazos

Por su parte interior las puertas son de madera de pino, y en su momento presentaban un fuerte ataque de xilófagos que pese a ser un elemento de debilitamiento de las puertas, Escandell señaló -era 2002- que se trataba de un ataque antiguo y por lo que había podido comprobar ya no había carcoma. En la actualidad el diagnóstico es el mismo, no se han reproducido ataques y por tanto no hay carcoma. A la madera se le aplicará un tratamiento preventivo para evitar una nueva plaga de xilófagos, se arbitrará un proceso de consolidación de las partes más débiles y se finalizará con un tratamiento hidratante ante la sequedad de la madera.

La madera provenía del Torrent de s’Alga

La iglesia fortificada se inició en mayo de 1726 tras haber autorizado el obispo Manuel de Samaniego su construcción ya que la única iglesia existente en la isla, Sa Tanca Vella, era absolutamente insuficiente para albergar a los fieles. La solemne inauguración tuvo lugar

Uno de los cerrojos interiores

en 1738. En los archivos aparecen numerosas referencias a la construcción de esta iglesia, pero destacan dos en concreto, una fechada en 1729 en la que se indica que Sebastià Sorà vendió tres quintales y tres libras de hierro a razón de 4 piezas de 8 y 2 reales de plata, para la iglesia de Sant Francesc, que el historiador Joan Marí Cardona no duda en relacionar con el blindaje de la puerta. La otra referencia es de un año más tarde, 1730, en la que se especifica que Pere Ferrer de Jaume recibió “una quartera d’ordi pel treball de transportar unas taulas desde lo torrent de la Alga per la porta de la Yglesia que es la nova”. Ambos detalles permiten suponer que la puerta estuvo terminada mucho antes que la propia iglesia.

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