De carácter tranquilo y afable, con actitud conciliadora y una intensa trayectoria que como contó al Formentera Avui hace unos años «yo había estudiado Magisterio en Barcelona, y cuando se abre el Colegio Mestre Lluís Andreu, me presenté a la plaza de educación especial y en septiembre me llamaron. Recuerdo que tuve que hacer un curso de logopedia, que yo no sabía ni lo que era, aprobé y obtuve la plaza. En 1996 cogí la plaza de dirección del centro que pensé que sería por un año, pero mira por donde duró hasta mi jubilación, 21 años».
Ella destacaba además que venía de una familia de docentes, que la labor era «cien por cien vocacional y que «si ahora volviera a empezar me decantaría de nuevo por la carrera que cursé. Aunque gastas mucha energía con los alumnos y con el resto de maestros, las satisfacciones y el contacto con las personas superan al trabajo».
De su labor como logopeda apuntó además «que sé por experiencia que cada niño es un mundo, cada uno tiene su ritmo y las prisas a la hora del aprendizaje no son buenas. Nosotros debemos adaptarnos al niño y no él a nosotros. No es fácil pero es posible, tienen que aprender a adaptarse, a quererse, a respetarse y a ayudar a los demás».
Premio Sant Jaume 2017 y Premio Ramon Llull 2020, galardones que recibió por su trayectoria docente y su aportación a la sociedad formenterera, Pilar remarcaba a Formentera Avui en esa entrevista que «no pasará un día que no me acuerde de todos los momentos vividos durante mi carrera docente. He sido una persona muy afortunada y no me puedo quejar».
Descansa en paz y gracias por todo.









































