Formentera ha estado habitada desde el Calcolítico, y su nombre ha evolucionado a lo largo de los siglos, reflejando las influencias de las distintas civilizaciones que la han ocupado.
Desde menciones en fuentes clásicas hasta su consolidación en la cartografía moderna, la denominación de la isla ha pasado por numerosas transformaciones.
El presente estudio analiza la evolución del nombre de Formentera a lo largo de los siglos, basándose en más de 120 mapas históricos y diversas fuentes documentales. Siguiendo estudios previos sobre la denominación de la isla, se rastrean sus cambios con el objetivo de sintetizar la información existente y ofrecer una visión cronológica sobre cómo han influido en su nombre las distintas civilizaciones.
Época antigua: Los primeros nombres
Los primeros testimonios escritos sobre Formentera provienen de fuentes clásicas. En el año 123 a.C., tras la victoria en las Guerras Púnicas, los romanos conquistaron diversas regiones del Mediterráneo, incluidas las Islas Baleares. En este contexto, la isla de Ibiza, cuyo nombre fenicio era Ibossim, pasó a denominarse Ebusus bajo dominio romano (Ribes i Marí, 2005:9-10). Es posible que Formentera fuera considerada parte de Ibiza, ya que en algunas fuentes clásicas el nombre aparece en plural, Ebusus y Ebyssos (Schulten & Maluquer de Motes,1987: 95-96), lo que sugiere que ambas islas eran vistas como una unidad.
Un ejemplo de esta percepción se encuentra en la Historia Naturalis (77 d.C.), donde Plinioel Viejo menciona: «Las primeras de todas las islas de estos mares son las llamadas por los griegos ‘Pithyoussai’, por el nombre de la piña de los pinos; ahora se llama ‘Ebusus’ tanto una isla como otra» (Schulten & Maluquer de Motes, 1987: 27-28). Esto refuerza la idea de que, en los registros más antiguos, Formentera no era identificada de manera independiente, sino incluida dentro de la denominación general de Ibiza.
En cuanto al propio nombre de Formentera, algunos autores clásicos, como Pomponio Mela, mencionan el término Colubraria (Schulten & Maluquer de Motes, 1987: 7-8). Sin embargo, este no hace referencia a Formentera, sino a las Islas Columbretes, cuyo nombre en latín significa «isla de las serpientes» debido a la abundancia de estos reptiles en el archipiélago.
Además, Mela menciona Ferraria en relación con la región del golfo Sucronense (del Júcar),lo que refuerza la idea de que estos topónimos no están vinculados a Formentera. (Roman Calvet, 1906: 294-296)
Etapa andalusí: Faramantira
Con la llegada de los musulmanes en el siglo X, Formentera fue incorporada a Al-Ándalus.
Durante este período, la isla fue mencionada como Faramantira en documentos islámicos.
Este nombre, de origen árabe, es una de las primeras referencias claras a Formentera como una entidad diferenciada de Ibiza. Sin embargo, la transcripción de nombres en árabe presenta desafíos, ya que las vocales breves no suelen representarse por escrito. Esto dificulta la identificación de la forma románica original que los árabes intentaban transcribir. Por ejemplo, Ibn Ǧubair al-Kinani, a finales del siglo XII, documenta la forma Furmintîra
(Martínez y Martínez-Tercero, Sol; Epalza Ferrer, Mikel de. 1987: 78), que podría ser una adaptación fonética de una forma románica anterior. La relación entre la adaptación de los nombres en árabe y la fonética romance es una de las cuestiones tratadas en la investigación de la toponimia hispánica (Boullón Agrelo, 2024).
Siglo XII-XIII: La consolidación del nombre Formentera
En la documentación catalana, tanto anterior como posterior a la conquista cristiana, el nombre Formentera aparece de manera consistente, aunque con pequeñas variantes. Por ejemplo, en 1147 se documenta Formentera(m), y en el Llibre dels Feyts (Jaume I. Llibre dels fets del rei en Jacme, siglo XIII: 24) se menciona como Fromentera. También se encuentran formas latinizadas como Frumentera o Frumentaria en otros documentos. Estas variantes reflejan la evolución lingüística del nombre, que se estabiliza en Formentera a medida que el catalán se establece como lengua dominante en la región tras la conquista de las islas Pitiusas por Jaume I en el siglo XIII. (Mas i Forners, A, 2013: 435-439)
Siglo XVI: Los primeros registros cartográficos
En el siglo XVI, los mapas y documentos históricos muestran una variedad de nombres para la isla. Sin embargo, uno de los nombres que aparece en la mayoría de mapas es Cormedera o Corniedera, un topónimo erróneo que se transmitió a través de la cartografía de la época. Según estudios como el de Marcos Pavo López en «Cormedera por Formentera. La transmisión de un topónimo erróneo como una evidencia para trazar el linaje de los primeros mapas modernos de España (ss. XV-XVI)», este error no fue casual, sino que se debió a la copia y transmisión de mapas antiguos que perpetuaron el nombre incorrecto. Este fenómeno es un ejemplo de cómo los errores cartográficos pueden persistir durante siglos, incluso cuando no tienen un origen claro o una base histórica sólida.

Siglo XVII: Estabilización del nombre
Durante el siglo XVII, el nombre Formentera comienza a imponerse sobre otras variantes.
Aunque todavía se encuentran nombres como Formentere y Formentra, que parecen ser variantes con cambios en la terminación, el nombre Formentera se estabiliza como el más utilizado. Este siglo marca una transición en la que el nombre moderno de la isla comienza a consolidarse definitivamente.
Siglo XVII: Influencias lingüísticas y variantes
En el siglo XVIII, la cartografía francesa tuvo un papel destacado en Europa, y muchos de los mapas de la época que han llegado hasta nosotros son de origen francés. En estos mapas, el nombre de Formentera se adapta a la fonética y la lengua francesa, dando lugar a variantes como Fromentiere y Fromentieres. Estas adaptaciones reflejan cómo los cartógrafos franceses transcribieron el nombre a su lengua, ofreciendo una perspectiva de cómo se adaptó fonéticamente al francés. Aún así, Formentera siguió siendo el más utilizado, consolidándose como la forma predominante en la cartografía de la época.
Siglo XIX: La estabilización definitiva
En el siglo XIX, el nombre Formentera se consolida definitivamente a nivel cartográfico. Las variantes antiguas desaparecen por completo, y el nombre se estabiliza hasta el dia de hoy.
Este siglo marca el final de la evolución del nombre de la isla, que se convierte en un referente claro y único.
Las propuestas etimológicas
La etimología de Formentera es incierta y ha generado diferentes teorías, este debate resalta cómo los toponímicos pueden tener múltiples interpretaciones a lo largo del tiempo.
La solución más extendida es la del latín Frumentaria con significado ‘triguera’, que como indica Ribes Marí (Ribes i Marí, 2005), ya aparece en la Resumpta del año 1751 del padre Gaietà de Mallorca, recogida anteriormente por el historiador mallorquín Joan Dameto. La teoría se afianza, entre muchas otras cosas, por una Crónica que escribió fray Marsili en el 1314, para el rey Jaume I en la que dice; «[…] es assats plana e apte e cuvinent a blat».
La gran contraposición a esa teoría la elaboró Joan Coromines (Coromines y Mascaró Pasarius, 1995), que atribuye el origen del nombre a Promontorium, Promontoria (promontorio, cabo), que habrían dado lugar a Formentor y Formentera, respectivamente.
Explica además que los navegantes árabes del Mediterráneo, a partir del siglo VII, aprendieron los dos nombres latinos con p-, y los fueron mudando en f-, siguiendo la tendencia del árabe que, hacia el siglo X, fue convirtiendo la p originaria en f. Por lo tanto, su evolución sería Promontoria > Fromontoria > Formentera. Esta hipótesis coincide con las dificultades metodológicas encontradas en la investigación de la toponimia hispánica, donde
los cambios fonéticos y gráficos han influido en la fijación de los topónimos actuales (Pavo López y Amaro Mellado, 2024).
Conclusión
La evolución del nombre de Formentera es un reflejo de la historia de la isla y de las diversas influencias que han moldeado su identidad. Desde las imprecisiones de los textos antiguos y las adaptaciones fonéticas en la época andalusí hasta los errores cartográficos del Renacimiento, cada etapa ha dejado su huella en la forma en que la isla ha sido nombrada. Finalmente, en el siglo XIX, Formentera quedó establecida con el nombre que conocemos hoy, consolidando su identidad en mapas y documentos oficiales. Más allá de los cambios de denominación, lo que perdura es la esencia de la isla y su legado cultural.
Marti Riera Negre
Estudiante de Arqueología en la Universidad de Barcelona.









































